martes, 17 de enero de 2012

Freud y Pansexualismo


Las personas que menosprecian a Sigmund Freud señalan que sus teorías son erróneas, desfasadas o insuficientes; en el mejor de los casos, al mismo tiempo que se le alaba se le desprecia, admitiendo que fue un psicólogo notable y, sin embargo, se lo presenta como un fósil atascado en el pansexualismo. Tampoco es infrecuente que, cuando se lo quiere denigrar, se saque un sucio expediente que personaliza la disputa: recuerdan, con algo de placer, el carácter irritable y autoritario del anciano patriarca del psicoanálisis.

En cuanto a mí, coincido con algunas de las críticas que se le han hecho desde el siglo pasado -eso sí, con una insistencia rayana en el fanatismo-. Sigmund Freud, en efecto, se aferró a un pansexualismo a ultranza con una aparente indiferencia científica (aunque lo hiciera de corazón todo el tiempo, empleando uñas y dientes), porque atreverse a admitir otra cosa que no fuera la sexualidad para explicar las diversas neurosis, equivalía a poner en riesgo la base de su edificio teórico, en el cual invirtió no poco tiempo y esfuerzo, bregando muchas veces al inicio de su "peregrinación" con detractores enconados. Es verdad, a la larga, sus modos autoritarios solían anteponer su cetro de poder a la menor revisión de sus teorías, que él consideró siempre de carácter científico...

Otras críticas emergen a la luz de continuo, incluso, en décadas pasadas, algunas le han dado fama a psicólogos medianos e incompetentes –Lacan, por ejemplo, que ni a medianía llega, y al decirlo, temo a la horda furiosa de sus seguidores incondicionales-. Entre todas, la que quiero reconsiderar en un brevísimo espacio es la del pansexualismo.

Tal como mencioné, Freud contaba con razones poderosas para guardar el pansexualismo de cualquier tipo de cuestionamiento. Si bien, analistas eminentes como Erich Fromm han reivindicado factores ajenos a la sexualidad para describir las patologías que aquejan al hombre –obsérvese que Fromm nunca rebaja la sexualidad-, ésta sigue figurando como un leitmotiv en la conducta humana. La sexualidad, es cierto, no configura del todo la psique del hombre, pero hay que tener en cuenta que éste posee instintos terrenales, en concreto el sexo, además de las inclinaciones sociales y anímicas que han sido asimismo estudiadas. La sexualidad es una motivación más en la conducta del hombre, y, en el caso de trastorno, provoca una amplia gama de malestares psíquicos que los psicólogos deben contribuir a paliar o erradicar: ansiedades, depresiones, obsesiones, etc. No pretendo, ni de lejos, abordar el tema de la sexualidad y su incidencia en la psique, pero sí reclamar atención hacia ella, en especial de parte de algunos profesionales de la salud mental, potenciales víctimas de caer en el embrujo de los nuevos profetas de la psicología, que pueden tender a rebajar su importancia.



Hoy día, leer a Sigmund Freud no quiere decir, por necesidad, aventurarse y justificar su pansexualismo, significa, en cambio, suponiendo de antemano un criterio prudente en sus lectores, el interés por estudiar a fondo uno de los aspectos más esenciales del hombre, la sexualidad.

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